*Serán 40 días para meditar, periodo de conversión y penitencia, caracterizado por la oración

Por SARA AMADOR VERA/El ‘Miércoles de Ceniza’  conmemora el momento en que Cristo se retiró al desierto por 40 días para meditar sobre su misión en ayuno y oración. Su nombre se debe a que ese día se celebra una misa en la que se marca en la frente de los feligreses una cruz con cenizas. Se trata de un periodo de conversión y penitencia, caracterizado por la oración, la meditación, el ayuno y la moderación, encaminado a la renovación pascual.

Las cenizas son un símbolo que nos recuerda nuestra propia fragilidad y mortalidad, y por ende, nuestra necesidad de la Gracia de Dios. Esta fecha marca el inicio de la Cuaresma.

La imposición de la Ceniza no es un precepto religioso obligatorio. No obstante, según los cánones de la Iglesia, sí es un imperativo que los devotos efectúen el ayuno y la abstinencia del consumo de carne (siempre que esto no ponga en riesgo la alimentación de las familias), o de otros alimentos que dictamine el episcopado local.

Los menores de 14 años no están obligados. A partir de esa edad se cumplirá con la abstinencia hasta los 18 años y desde entonces hasta los 59 años se incorporará el ayuno.

De las cenizas a las cenizas, del polvo al polvo es una frase comúnmente recitada durante misas de Miércoles de Ceniza. Su objetivo es recordarnos de nuestra mortalidad, en el sentido de que empezamos como polvo y que nuestros cuerpos regresarán al polvo después de nuestra muerte.

Esta frase proviene del Génesis (3, 19) pues polvo eres, y al polvo volverás.

Mientras el cuerpo tiende a la sepultura, una vida interior del hombre tiene que robustecerse y la Cuaresma no sólo es invitación al recuerdo de la muerte, sino sobre todo al recuerdo del deber de renovarnos para ser luz, sal, brillo en el mundo.

 

 

DEL POLVO AL POLVO

 

La palabra ceniza, que proviene del latín “cinis”, representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.

La ceniza, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: “Dios formó al hombre con polvo de la tierra” (Gn 2,7); “hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho” (Gn 3,19).

La ceniza proviene de los restos de las palmas quemadas del domingo de ramos. Son esas cruces hechas de palma que obsequian en la Misa del Domingo de Ramos, las cruces se colocan en la entrada de los hogares y permanecen benditas.

La ceniza también se adquiere de las estatuas muy deterioradas o inservibles de la iglesia, así como de libros viejos y oraciones y del incensario donde se realizan las misas.

Es una tradición católica que nos recuerda que fuimos hechos de polvo y en eso mismo nos convertiremos al morir.